¿cómo podemos diferenciar una buena traducción de una mala?

En nuestra primera entrada del blog de connect, queremos ahondar un poco en la eterna cuestión: ¿cómo podemos diferenciar una buena traducción de una mala? ¿Cuáles son los argumentos que esgrimen los clientes a la hora de expresar su descontento con la traducción que les hemos enviado? ¿Son aceptables sus críticas? ¿Qué criterios hay para evaluar la calidad de la traducción?

En muchas ocasiones, los clientes rechazan nuestra traducción sin dar ejemplos de los "fallos y errores" que, a su parecer, hay en el texto. Simplemente argumentan que la traducción "no está bien" y exigen una nueva redacción o incluso una reducción en el precio convenido.

Lo importante en estos casos es hacerle ver al cliente la diferencia entre fallos objetivos, como errores de ortografía o gramaticales, y lo que se pueden denominar "objeciones subjetivas". En esta última categoría encontramos preferencias estilísticas, elección de giros o términos equivalentes. En más del 95% de los casos cuando un cliente expresa quejas sobre el texto recibido, se trata de objeciones subjetivas. Esas quejas no justifican una calificación de "mala traducción", más bien hay que buscar lo que desea expresar el cliente y evaluar si los términos y giros utilizados por el traductor lo reflejan correctamente. Es posible que haya otras maneras de expresión, otros giros, otro vocabulario, que se puedan utilizar igualmente o que incluso transmitan una idea más clara del concepto. En muchas empresas, existe cierta terminología acordada, compartida por los empleados de esa empresa o de este sector, que el traductor no conoce y, por lo tanto, no emplea automáticamente en sus traducciones. Resulta ser uno de los puntos clave, anteriores al inicio de cualquier proyecto, preguntar al cliente si en su empresa existe una terminología "estandarizada", en forma de glosario o lista terminológica, que se podrá facilitar al traductor para adherirse a ella mientras esté redactando la traducción. Eso evita que el cliente se encuentre con formas de expresión, términos y giros que no "se espera" ... y donde prefiere ver la terminología inherente de su empresa reflejada.

Para evaluar si realmente existen criterios que disminuyen la calidad del texto traducido, tenemos que analizar si hay errores objetivos en nuestra traducción y tenemos que limitarnos estrictamente a las reglas gramaticales del idioma:

·        ¿hay faltas de ortografía? Obviamente, un texto donde encontramos  muchas faltas de ortografía  echa atrás al lector y rebaja la calidad del mismo, hasta hacerle inservible -  por muy buenas ideas y propuestas que pueda contener.

·        ¿hay errores en la construcción sintáctica o en el orden estructural de los segmentos? Ya sabemos que lo que es La Casa Blanca en inglés se denomina The White House - y sería un perfecto ejemplo para una mala traducción anteponer el sustantivo "house" al adjetivo "white" en inglés y poner The House White. ¡Desastroso! Igual que "a screw hexagonal" o "insert an object small" ... ejemplos que hemos visto en traducciones de manuales técnicos ...

·        ¿existe terminología incorrecta? Si delante tenemos un texto sobre finanzas y economía, la palabra "bank" seguramente hará referencia a la institución financiera y no debería ser traducida como "asiento" o "taburete". Eso se podría calificar como un error objetivo y demostrará que el traductor no ha tenido en cuenta el ámbito temático del texto, ni ha entendido de qué tipo de texto se trata - o incluso, que la traducción se ha elaborado con un sistema de traducción automatizada (MT - Machine Translation), tipo Google Translate.

 Resumiendo, podemos decir que sólo los errores objetivos (contrarios a las reglas gramaticales de cada idioma) son identificadores de una traducción mala, que debe ser rechazada por el cliente. Los errores subjetivos, definidos por preferencias personales o de política de empresa, referentes a términos, definiciones y procesos internos, no pueden ser la causa de una reclamación por parte del cliente. Para evitar que haya discrepancias en este aspecto, es más que recomendable que el cliente informe al traductor, antes del inicio de cualquier proyecto, sobre usos y costumbres terminológicos inherentes a su empresa, mediante glosarios, listas de términos o documentación de referencia.